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Hacia la isla de palmas
Lleva la espalda tan mojada de sudor y salitre que el sol le dibuja encima el mismo brillo del mar que tiene enfrente, y ya no se sabe cuál de los dos moja al otro.

Lleva la espalda tan mojada de sudor y salitre que el sol le dibuja encima el mismo brillo del mar que tiene enfrente, y ya no se sabe cuál de los dos moja al otro.