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Dos espadas a la espalda
Dos espadas cruzadas le cuelgan a la espalda, y ninguna mano busca la empuñadura, como si la sola mirada bastara para que nadie se atreviera a probar cuál desenvaina primero.

Dos espadas cruzadas le cuelgan a la espalda, y ninguna mano busca la empuñadura, como si la sola mirada bastara para que nadie se atreviera a probar cuál desenvaina primero.