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Dos espaldas y la ciudad
Las dos espaldas llevan sentadas ahí el tiempo suficiente para que se les hayan encendido, una por una, las mismas luces que ahora miran allá abajo.

Las dos espaldas llevan sentadas ahí el tiempo suficiente para que se les hayan encendido, una por una, las mismas luces que ahora miran allá abajo.